¿Cómo sería la sociedad si todas las mujeres se negaran a procrear? ¿Cuál podría ser, entonces, el recurso para repoblar la tierra? ¿Cómo imaginarlo? Sobre estas y otras interrogantes se erige Sangre, primer cortometraje de ficción de la actriz y dramaturga Giselle Lominchar, quien decidió recurrir al humor negro para recrear, desde lo absurdo, la historia de un técnico de laboratorio que se dedica a “confeccionar” niños.

Jugando con los códigos del cine de horror de la década de 1920 y del expresionismo alemán, la realizadora apuesta por una hipótesis donde las nuevas vidas forman parte de una cadena de reciclaje que se inicia al momento en que una persona muere, por voluntad propia, para donar cuerpo y alma a un bebé. Ahí, en ese contexto del futuro imposible, aparece Paula Alí interpretando el rol de una señora que llega, receta en mano, a exigir que le “elaboren” un nieto.

Mientras, el “técnico”, protagonizado en el audiovisual por Lola Amores, constituye una especie de ser andrógeno, aislado y autodidacta que recuerda, con mucha vehemencia, la caracterización de los personajes góticos y siniestros de Tim Burton, director estadounidense conocido por filmes como Sweeney Todd (2008) y Charlie y la Fábrica de Chocolate (2005), por solo citar algunas obras.

“La idea del corto surge durante un ejercicio de clase en el Instituto Superior de Arte, a través del cual yo canalicé mi preocupación sobre el deseo de las mujeres de tener hijos. Se me ocurrió, a partir de unas pautas determinadas, repensar la idea desde un mundo absurdo donde la reproducción fuera a través de diversas cirugías, uniendo temas metafísicos como la reencarnación, los ciclos y la evolución”, confesó la realizadora después de la proyección del material en Fábrica de Arte Cubano (FAC).

Con unos 12 minutos de duración la obra se refiere al cuerpo humano como materia reciclable y al alma como una sustancia mutable, estableciendo un diálogo visual a ratos grotesco. “Trabajé con la actriz y la maquillista buscando construir un personaje marginado, medio desquiciado, de grandes ojeras y andrógeno, un recurso usado por Tim Burton en varias de sus películas. Yo no quería reproducir con exactitud sus códigos, pero ese lenguaje contribuyó a potabilizar un guión que, de otra manera, hubiera sido demasiado filosófico”, señaló.

Con música original del pianista Jorge Aragón, Sangre logra sorprender porque retrata, desde una perspectiva caótica, una problemática con gran impacto social en Cuba y América Latina. La respuesta construida por su realizadora pone en evidencia millones de interrogantes sobre el libre albedrío en el proceso de reproducción humana y (des)enfoca conceptos preestablecidos. En ese intervalo de creación la autora genera posibilidades, mientras hurga razones en la realidad.

“El coqueteo con el humor negro nos acerca el público, y Paula Alí es una experta en eso. Al ser una temática fuerte necesitaba que no se banalizara la historia, que impactara. Por eso me gusta escuchar la reacción del espectador, porque la mayoría de las veces me indica que está procesando el material”, argumentó Lominchar, quien decidió durante la postproducción de la película doblar la voz de Lola Amores y para ello reclutó al actor Mario Guerra.

“Mario completó el personaje, le dio otro carácter. Lola tiene un potencial de voz increíble, pero yo no quería que ella la transformara al punto de que sonara falsa”, expresó Giselle, quien ya trabaja, junto a Fernando Pérez, en el guión de su primer largometraje.

Sangre comenzó su recorrido hace tres años en la sección Haciendo Cine, de la Muestra Joven del ICAIC y hace apenas unos días se estrenó en el Centro Cultural Español de Miami, en el espacio Jóvenes frente al espejo, que actualmente exhibe trabajos de noveles realizadores de la Isla.