La Virgen de Fábrica de Arte (FAC) no es una representación religiosa tradicional, aunque cuente, como todas las vírgenes, con una estampita y una oración. La Virgen de FAC no resulta tampoco una referencia reinterpretada de alguna deidad específica del panteón yoruba; más bien, constituye una forja mestiza de todas las creencias. Es, sencillamente, una patrona vigilante a la que se le encienden ideas, más que velas. Es, exactamente, la patrona de la creación libre y de los espíritus condenados a creer y vivir a través del arte.

Justo desde las afueras de FAC la observo. Vuelvo a encontrarla. Explora por encima de la valla principal a locales y foráneos, tantea sus afanes y motivos. Luego abre las puertas, extiende las manos y abraza a todos los “fabricantes” mientras susurra, con la cabeza ladeada: “…Deja que la emoción duerma, de cuando en cuando, para que despierte la razón”.

Fluyendo entre imaginación y percepción la Virgen no es fácil de describir. Rojo, negro, amarillo y algunos toques azulados se perciben en sus atuendos de mar. Abriga en su vientre animales, máscaras africanas, fuego y sangre, como quiero interpretar. Pienso en ella como fragua e imagino que, desde adentro, es tan diversa como los cubanos, atravesados y aderezados durante siglos por varias culturas. Tal vez por eso no repara en élites. Tal vez por eso a la Virgen no le importan los “soy”, “vengo” o “tengo” de nadie.

Ahora estoy en sus predios, justo el día en que regresa a casa, despertando del letargo, del sueño entre manos de Moisés Finalé, su secreto creador. Ella se erige sobre mi cabeza mientras abajo, pies en tierra, comienzan a sonar los tambores para reverenciarla. Una vez dentro de sus espacios es imposible no caer en la tentación. “Elogia nuestra locura y no perdones nuestra cordura”, leo en la estampita mientras escucho la banda sonora que acompaña su retorno a FAC, lugar donde por cuatro años ha sido anfitriona silenciosa.

Me sorprendo pensando en la fe que genera, los sueños que salva y las razones que alumbra. Me detengo a pensar en las fracturas que la Virgen de FAC no permite, porque una vez ahí, todos habitamos la misma latitud. Entonces sonrío porque, afortunadamente, ella representa a una generación inagotable, cíclica, regenerativa. Vuelvo la vista hacia la oración, la repito una y otra vez hasta aprenderla de memoria. Con el toque final me apresuro a expresar: ¡Amén! y salgo a la calle, a mirarla de lejos, a observarla inamovible en el desenfreno de una ciudad nocturna que busca y busca, pero no repara en milagros. Guardo la estampita y sigo caminando, hoy, para mí, ha despertado una virgen.


Virgen de la Fábrica,
No nos permitas que la idea se canse de buscar y pare.
Déjenos las nostalgias y danos el placer
De asombrarnos cada día.
Que la felicidad siga así, sin prisa ninguna,
Para que no se acaben los minutos
Antes de conseguir nuestros sueños.
Elogia nuestra locura
Y no perdones nuestra cordura.
Deja que la emoción duerma
De cuando en cuando para que despierte la razón.
Déjanos este sol que nace de tu Fábrica de Arte
Y que la luna nos ilumine siempre en este
Antro de libertad
Para que el tráiler de esta película
No sea solo un presentimiento.
Amén

Oración: Yamilé Tabío