A Cucurucho Valdés lo acompañan sus ancestros todo el tiempo, incluso, cuando se apresta a romper el silencio de un auditorio con las notas que nacen de su piano. La espiritualidad de su música tiene un linaje noble que, según el propio Cucurucho, transmite paz.

Como todo artista, cada vez que camina hacia el escenario tiene minutos de nerviosismo, una leve tempestad que termina cuando bojea su instrumento con los dedos. Ahí, frente a la multitud, logra elevarse y conectarse con esa parte mística que lo define.

“Creo que hay mucha espiritualidad dentro de mi obra; me nutro de esos grandes pianistas que lograban expresar serenidad en su música, a veces hasta los siento cerca”, confesó minutos antes de su concierto en la Fábrica de Arte Cubano (FAC), donde por más de una hora interpretó temas propios y de compositores como Eliseo Grenet, Sindo Garay, Ernesto Lecuona y de su abuelo, Bebo Valdés.

Tal vez, a esa presencia indeleble en su vida, se refiere cuando habla de aquellos antepasados a los que le debe el sosiego de su creación. “Yo vivo aferrado a mis raíces, mis ancestros, a mi cultura, mi bandera; todo el tiempo”, expresa mientras explica la esencia de su segundo fonograma Con los pies en mi tierra, CD licenciado por la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM).

Sobre esta producción, menos exploratoria y más arriesgada, giró la presentación en FAC. El joven pianista, menos conocido en el contexto cultural como Roberto Carlos Valdés, abogó en esta ocasión por la defensa de sonoridades más tradicionales, rescatando estilos y géneros como el danzón, el bolero y el son, ahora defendidos con una perspectiva más clásica.

Acompañado por instrumentistas como Yaroldy Abreu, Rodney Barreto, Julio Padrón, entre otros; Cucurucho logró llevar al escenario el discurso de su obra como compositor, marcando una significativa diferencia entre los temas de su primer disco Ni antes ni después, y los de su más reciente placa.

“Aquí jugué más con los tiempos, fui atrevido. Ni antes…; fue más suave, un álbum como para sentarse a escucharlo. En este último me encontré más como artista. Para mí lo más importante es ser creativo, mirar todas las tendencias y lograr la singularidad a través de un sello; demostrar cuanto crees en tu arte cuando te paras en el escenario”, señaló el otrora integrante de agrupaciones populares como La Charanga Habanera y Los Van Van.

Quien se apresta escucharlo, percibe con claridad que es un apasionado de la música tradicional. Los tumbaos corretean entre sus dedos con una naturalidad loable y, una vez frente al público, aprovecha cada momento para leer rostros y encontrar cómplices que lo acompañen en esa insaciable búsqueda de pasajes interesantes dentro de la música cubana.

Sonríe a cada rato, porque el gozo emana de su piano y así, logra conectarse con su raíz, a veces reinterpretada de la manera más inesperada.

Para el 2018, Cucurucho Valdés ha decidido contarlo todo, compartirlo. Por ese prevé realizar una gira nacional en los primeros meses del año, mientras espera la firma de su segunda placa con una discográfica extranjera que lo lanzará definitivamente al mercado internacional.

Con la música atada a cada latido ha decidido desandar su carrera en solitario. Así lo hizo en Fábrica de Arte, donde encontró un público conectado con sus raíces tímbricas. El concierto, uno de tantos espectaculares de la temporada, volvió a demostrar que FAC resulta una plataforma imprescindible para quienes viven y respiran la cultura de la Isla, siempre en movimiento.

NOTA: Fábrica de Arte reabrirá nuevamente sus puertas el próximo 17 de enero, con motivo del Festival Internacional Jazz Plaza 2018.