Más de mil kilómetros separan las ciudades de Nueva Orleans y La Habana. Sus historias convergen en pocos puntos, pero tienen en común la poderosa influencia de la cultura africana que, hasta hoy, echa raíces en las manifestaciones sociales y artísticas de cada terruño.

Viajar anulando esa distancia, solo se concreta a través de los sonidos de la Preservation Hall Jazz Band (PHJB), agrupación fundada en el año 1961, período en que la lucha por erradicar la segregación escolar en los colegios de Estados Unidos llega al apogeo popular, y el movimiento por los derechos civiles del negro entra en fase de ebullición.

El universo en torno a la gestación de PH tiene carácter de resistencia, de liberación. Sus sonidos, evidencia inequívoca de la amplia tradición africana asentada en las cercanías del Mississippi, narran una etapa donde la música devino plataforma de reclamo y empoderamiento social. En sus melodías y armonías se cuecen diversos flujos musicales.

Siguiendo los pasos de su padre, Ben Jaffe, director de la Preservation…, decidió indagar en las raíces tímbricas de la Isla. Dos años lo separan ahora de su primer acercamiento a Cuba, donde logró conectarse con audiencias de Santiago y La Habana, puntos indispensables para comprender el follaje cultural de la Mayor de las Antillas. Con ese precedente regresó a la capital caribeña, hace una semana, trayendo en su repertorio temas influenciados por una experiencia anterior.

El sitio escogido para el reencuentro fue la Fábrica de Arte Cubano (FAC), donde por más de una hora los integrantes de la cincuentenaria jazz band ocuparon el escenario, con el gozo y la energía de la música que se disfruta a ojos cerrados sin posturas distantes. En la nave 4 de FAC, explicaron -instrumentos y baile mediante- de donde salen los sonidos que se cosechan al sol, curtiendo pieles y desgarrando historias.

No hicieron falta las palabras cuando arrancó la PH. En cada ejecución vibró el virtuosismo sin carreras desbordantes de individualismo, puesto que el todo, lo más trascendental, era disfrutar y disfrutarse en el escenario, generando una complicidad jubilosa entre público e intérpretes.

Así, venerando también las influencias de la música cubana dentro de las expresiones del jazz de Nueva Orleans, la agrupación liderada por Jaffe ejecutó temas como Oh, my Lord, Santiago, Go To The Mardi Grass y La Malanga, esta última, pieza de cierre ante un público que, en más de una ocasión, pidió otro número a viva/ toda voz.

En minutos, Nueva Orleans y La Habana quedaron ubicadas en el mismo sitio, superpuestas. El jazz, columna vertebral de una ciudad legendaria -reconocida en el mundo como el mejor sitio para disfrutar de la música-, tocó cada cuerpo presente y dialogó sobre los sonidos de nuestros ancestros, cimientos sólidos para asegurar la música del futuro.

“Me inspiro en la música regional, y particularmente, en la de la costa oeste de África, particularmente en el Congo y Nigeria. Hay algo acerca de esa diáspora que es muy interesante; ¿cómo se abrió paso a través del océano, de las Indias Occidentales, de Haití y de Cuba hasta Nueva Orleans? Los ritmos, las armonías y las tradiciones religiosas africanas se fusionaron con las tradiciones católicas francesas y españolas, surgiendo este estilo único de jazz: el jazz de Nueva Orleans”, afirmó Jaffe, quien pretende con sus composiciones capturar la personalidad de cada integrante de la banda.

Puede que, por esa intención, PH tenga la capacidad de pintar atmósferas y emocionar. Las memorias colectivas, representadas a través del bullicio festivo que echa raíces en el jazz, resultaron una presencia permanente en cada tema ejecutado en la Fábrica de Arte donde, además, el septeto aprovechó para lanzar So It Is, segundo fonograma con música completamente nueva. En éste álbum, Jaffe logra redefinir lo que “…la música de Nueva Orleans significa en 2017, al aprovechar un continuo sónico que se remonta a las raíces afrocubanas”.

Antes de terminar la presentación, la intérprete cubana Eme Alfonso acompañó, durante un tema, a los músicos de Preservation…; en una descarga que exaltó al público de FAC por la confianza y el buen tino con el que la joven cantante logró imbricarse junto a los integrantes de una de las bandas más antiguas de Estados Unidos.

El silencio del final dejó muchas deudas. Entre la sorpresa del descubrimiento y la avidez por mucho más, se movió una audiencia que acompañó con euforia cada movimiento y estribillo de la Preservation Hall. La energía de un fragmento a lo Nueva Orleans fluyó en diversas direcciones y, por más de una hora todo fue contado a través de la música, en un viaje de regreso hacia sonidos ancestrales.