Humberto Solás nació un cuatro de diciembre, con los rayos y centellas de un día marcado por la celebración al orisha Changó, y en el año 1941, cuando en medio de una época convulsa Cuba declaraba la guerra a las denominadas potencias del Eje (Alemania, Italia y Japón), después del sorpresivo ataque japonés a la base norteamericana de Pearl Harbor, en Hawái.

Su signo, determinado tal vez por el momento en que abrió los ojos al mundo, representa en algunos textos religiosos la necesidad y la alegría de vivir, la intensidad de la vida, la belleza masculina, la pasión y la inteligencia. Su legado, 66 años después, justo al final de su vida, superó cualquier designio, aunque al momento de su muerte algunos no tuvieran claro que Cuba estaba perdiendo a uno de los cineastas más relevantes del séptimo arte nacional.

Pocos logran describirlo con justicia, menos pueden presumir de haber llegado al centro de su vida y convertirse en amigos incondicionales. Conversando con Carlos Barba, realizador y cómplice de sus últimos proyectos, descubrimos que el “universo Solás” va más allá de su obra; es un fenómeno vivo que estará en constante movimiento mientras siga suscitando interés su creación.

“Humberto era como las dos caras de una misma moneda: inquebrantable, gélido y duro en el rodaje; mientras que fuera del set era un tipo con un humor súper agudo, gran conversador y amigo de sus amigos”, rememora este joven Licenciado en Letras por la Universidad de Oriente, quien reestrenó este fin de semana en Fábrica de Arte Cubano (FAC) un largometraje documental dedicado al creador de obras como Lucía, Cecilia, El Siglo de las Luces y Miel para Oshún, entre otras tantas.

El audiovisual, denominado precisamente Humberto, reúne testimonios exclusivos de actores, técnicos, músicos y familiares del director, quienes abundan en anécdotas y momentos trascendentales dentro de sus procesos creativos. Así, aparecen en la pantalla varias protagonistas de sus películas como Eslinda Nuñez, Daysi Granados, Adela Legrá, Isabel Santos, Jacqueline Arenal y Luisa María Jiménez; mientras que, del otro lado, se sitúan también nombres como César Évora, Jorge Perugorría, Mario Limonta y el español Imanol Arias, entre otros.

Con una composición clásica, sustentada por las emotivas entrevistas y varias escenas de sus películas, el material resulta un retrato íntimo construido en colectivo y cronológicamente organizado de acuerdo a la trayectoria de Solás. Como nota sobresaliente puede destacarse que, sobre todo, apela a las palabras para recrear y abrir las puertas hacia el mundo interior de este hombre, narrado en la cinta como un intelectual de mentalidad universal con una inquietud humanista por la identidad nacional y latinoamericana.

“Creo que sufrió mucho con su trabajo, en ocasiones la crítica no lo trató bien y siento que encontró la manera de protegerse, rodeándose de los mismos actores, siempre con las mismas personas”, abunda Barba, quien conoció al cineasta a través de su tesis de grado, referida a El Siglo de las Luces.

“Lo llamé precisamente un cuatro de diciembre, él estaba finalizando Miel para Oshún (2001), y yo estaba dejando un mensaje en la contestadora cuando él interrumpe la comunicación, levanta el teléfono y me pregunta si estaba seguro de querer hacer una tesis sobre El siglo…; también me dijo que esa era su película fantasma, precisa Barba.

“Nunca olvido su voz grave, era su cumpleaños y pensé que pactaríamos una cita para encontrarnos en otro momento, pero no quiso esperar y nos conocimos ese mismo día, gesto que habla mucho de su humildad”, narra con añoranza y profundamente agradecido por el agasajo que FAC ha querido rendir a su mentor, de quien espera poder realizar también una serie para televisión, con el material inédito que aún guarda de su investigación.

“Humberto, el documental, surgió a modo de jarana, de juego. Al terminar el largometraje Barrio Cuba, se nos ocurre hacer una película donde, -un poco en broma, un poco en serio-, él mostrara como dirigía a sus actores y cuál era su proceso como realizador, queríamos algo que fuera didáctico. Empezamos a trabajar en la idea de filmar un material donde él actuara y que sirviera como making para su próximo proyecto.

“Esa próxima película no se hizo, Humberto enfermó y poco después muere. Yo estaba en México en ese momento, sabía que el documental ya no podría tener un tono jocoso; por eso me decidí a hacer algo donde la gente explicara, mirando a cámara, cuánto había significado Solás en sus vidas”, confiesa.

Finalmente, Barba opinó que, aunque la figura y legado del fundador del Festival de Cine Pobre de Gibara se reconoce en la justa medida hoy, Humberto Solás debe llegar a muchísimos más rincones de la Isla, para seguir despertando nuevas miradas hacia el cine cubano.

Humberto Solás fue reconocido como Premio Nacional de Cine en Cuba, en el año 2005.

Humberto y Obateleo
En vísperas de su cumpleaños, Fábrica de Arte decidió desandar caminos poco conocidos dentro de la obra de Humberto Solás, y por ello proyectó el cortometraje Obateleo, rodado en el año 1988, y que resulta un homenaje a las raíces afrocubanas que conforman la identidad nacional, desde la música de Síntesis.

A la presentación asistieron los sobrinos del cineasta, Aldo y Sergio Benvenuto Solás, además de la actriz Eslinda Nuñez, Carlos Alfonso y Ele Valdés, estos últimos fundadores de Síntesis y amigos personales del director.

“Humberto era un gran conocedor de la música y a lo largo de sus películas trabajó con los artistas más importantes de nuestro país, pero pocas veces dedicó un material, sea un documental o un corto a un tema de este tipo y, en este caso, su sensibilidad con la música afrocubana afloró aún más con el disco Ancestros, por lo que consideró que había que remarcarlo y él, desde su modesta misión como cineasta, crea así Obateleo”, afirmó Aldo Benvenuto minutos antes del reestreno del corto.

“Para nosotros es un enorme privilegio homenajearlo precisamente en FAC, un lugar que coincide en concepto con muchas de las miradas hacia el arte de Humberto Solás”, agregó.

Por su parte, Eslinda Nuñez, protagonista de una de las tres historias de la cinta Lucía, y amiga entrañable del realizador, aseguró que, con este audiovisual, el artista quiso “…captar Obateleo de alguna forma, dar al público su versión y tejer con ella una historia a través de su imaginación prodigiosa”.

En apenas 11 minutos, Solás explora el discurso de la pluralidad que nutre al cubano sin ahondar en discursos. Busca en las imágenes el reflejo de una sociedad mixta que descansa en los mismos espacios sonoros, y confluye. Su obra es íntima, subjetiva y se escurre entre el auditorio generando un sentimiento de búsqueda, de conexión con las raíces.

“Obateleo es un despojo a la ciudad de La Habana”, refiere Carlos Alfonso, director de Síntesis, citando una plática que sostuvo con Solás. Así se siente en pantalla, eso genera.

Al terminar la proyección, el silencio de la sala se quebró ante el paso de una conga y diversos artistas de Gigantería, quienes aportaron sabor y mucho ritmo a este especial agasajo que dedicó FAC a Humberto Solás, quien estaría cumpliendo 76 años de vida.